De la camioneta caen gotas de sangre y forman una mancha, que se pierde en la banquina de la ruta. En la cabina de la 4X4 una mujer embaraza tiene la cabeza apoyada sobre el volante haciendo sonar la bocina. La mujer está desmayada y la bocina como si supiera pide socorro. Los focos iluminan la banquina oscura en la noche bonaerense.
En la casilla las voces y risas del Rata y su mujer se confunden con las voces y risas de la tele. En la pantalla aparece el Diego y el Rata recordó la fabrica, las mateadas y los pastelitos. ” Si en la fábrica me decían Diego, Dieguito”. Recordó los viernes cuando volvía de la fabrica con un sobre gordo, lleno de billetes y como lo apretaba en el tren para que no se lo robaran. Llegaba a la Estación de Moreno y compraba fìambre, pollo, vino y jazmines para la Rosa porque la Rosa siempre lo esperaba en la puerta de la casita de ladrillos, todavía sin rebocar.
Mientras en la tele seguía hablando el Diego.
Su mujer le dijo:
- Rata, hace algo, si no ya sabes empiezo a trabajar en la calle, vos no querés, pero voy igual.
- Ya salgo, Rosa, ya salgo – “con esa panza, qué vas a traer, ni un peso traes.”
Y se va el Rata a trabajar, pisando con cuidado en los ladrillos rotos de la senda, esquivando el barro y el agua estancada de las esquinas.
Son casi tres cuadras hasta el campito en el centro de la villa. el Rolo está en la puerta del Kiosco tomando fresco, en camiseta, sentado en la silla con el respaldo al frente y con un vaso de cerveza en la mano.
- Lo de siempre Rata.
- Si, varón y apuráte que se escapan los chabones, en un rato ya no pasa nada.
- Tranquilo hermano, si querés sacarme bueno – el Rolo termina de tomar la cerveza y se limpia la boca con el brazo izquierdo y chancleteando entra al kiosco. “El Rolo es un amigazo, de día me fía los bizcochos, la yerba, y de noche la merca. Bueno él sabe que nunca le fallo, me tiene confianza.”
Al rato el Rata cruza el campo y salta el alambrado. Ya en la ruta del Buen Ayre, respira el miedo y aspira la merca. Busca una piedra y queda escondido debajo del puente. Le tiemblan las manos “Diego, no seas cagón, si es fácil. Rompés el vidrio, manoteás la guita y corrés por el campo hasta la villa.”
Ve dos luces que se acercan. En la curva la camioneta bajó la velocidad y ahí no más el Rata tiró la piedra. El vidrio del parabrisas se rompe y la mujer embaraza frena.
- Sabés Rosa que la tipa se asustó, me agarró la mano y ahí nomás apreté el gatillo y apenas pude manotear la cartera. Toma, te la regalo y al Rolo mañana dale unos billetes para achicar la cuenta.
El Rata aspira la droga, y respira el calor de las chapas y la tierra todavía caliente y piensa, “que poca guita tenía la boluda.”
En la ruta las gotas de sangre dejan de caer y la bocina deja de sonar cuando llega la ambulancia.
La mujer todavía respira y la llevan a la sala de primeros auxilios, donde el médico de guardia hace lo que puede, pero la mujer había perdido mucha sangre y no aguanta, al pibe lo salva.
En la sala de espera, cuando llega el padre la enfermera le dice:
- Es un varón. Qué nombre le ponemos.
- Diego, como quería la madre.
escrito por Gerardo Rean