Miro el reloj, en dos horas amanecera. No hay ruidos en la pieza, trato de dormir y no puedo.
Doy vueltas en la cama.
No me gusta este silencio, que solo es interrumpido, por el tictac del reloj.
No aguanto mas, me levanto y voy hasta la cocina, abro la heladera y tomo agua de la botella, me acerco a la mesa. Veo las dos copas y en el cenicero las colillas de cigarrillos, uno manchado de rouge, de Laura que ahora recuerdo cuando apagaba nerviosa, mientras me decia que se iba.
Advertisement


